
La leyenda de San Francisco de Asis y el lobo que logró domesticar en Gubbio, es bastante conocida, pero siempre se supuso que Rubén Darío con su poema Los Motivos del Lobo —“…El mínimo y dulce Francisco de Asis – está con un rudo y torvo animal…”— había sido el autor del mito. Pero no fue así.
La presencia de San Francisco en Gubbio fue un hecho cierto, tanto es así que la ciudad —luego de la muerte del Poverello— fue la primera que quiso construir un templo grandioso en su honor. Se levantó al pié del monte en terrenos de la familia Spadalonga, quienes habían hospedado a San Francisco, aunque solo se consiguió terminarlo en el siglo XIII. Se trata del Convento e Chiesa di San Francesco (Convento e Iglesia de San Francisco). Fue reestructurado en el siglo XVIII, con el interior en tres naves con columnas octogonales para sostener —con arcos entre sí— el cielo abovedado. El ábside recibe luz del exterior por tres grandes ventanas góticas con vitrales; sobre ellas, algunos frescos. En las naves laterales, altares con atractivo y difícil diseño con un par de columnas flanqueando pinturas o bajo relieves.
La fachada es lisa, plana, con una gran puerta de casetones, sus mochetas y arquivolta abocinados en relieve y más arriba un bonito rosetón. El campanario octogonal con cuatro ventanas, solo los vanos, es gótico y bastante esbelto.
Era principios de septiembre del año 2008, estábamos en casa de mi prima Eliana, en Terni y llegó Bruno, el menor de sus hijos. Nos preguntó qué programa teníamos para el día siguiente. Le dije que nos estábamos documentando para ir a Gubbio.
—¿Gubbio? Hermoso Gubbio, pero se les complicará un poco porque el tren a Ancona los dejará en Gualdo Tadino y desde ahí en bus, aunque también podrían abordar el tren a Perugia, pero también desde ahí deben continuar el viaje en bus. Luego pensó un momento y le preguntó a Eliana —Mamma, andiamo domani in macchina a Gubbio? Y así fue como nos preparamos para salir al otro día temprano en el auto de Bruno. —Así aprovecho de conocer más a mis tíos de Chile— agregó. Bruno nació en Chile pero como su familia se radicó en Terni el año 1960 cuando él solo era un bebé, ha tenido mínimo contacto con su familia de este lado del mundo, salvo por un par de viajes que hizo para conocer la Carretera Austral. Gran persona, maratonista, deportista, bailarín, ingeniero eléctrico y ceraioli (participante en la Carrera de los Cirios de Gubbio), en una oportunidad. Estaba de novio y se casó al año siguiente con una rubia belleza umbra.
Recorrimos los sesenta kilómetros hasta Foligno, desde donde nos desviamos veinte más hasta Nocera Umbra, para tomarnos un capucino, el impagable capucino italiano, con un par de cornetti (medias lunas). Me manifestaba que hacía tiempo no pasaba por ahí y quería ver como había quedado la reconstrucción de la ciudad después del terremoto de diez años atrás. En realidad, no se veía nada que indicara que había sido destruido anteriormente, al contrario, un pequeño poblado limpio y todo en muy buen estado.
—Nocera Umbra (famosa por la cantidad de manantiales de agua mineral), quedó en el suelo ese año, pero ahora se ve nuevamente en pié —me comentó.
Le pregunté sobre la reconstrucción misma — ¿…y el Estado ayuda a los propietarios?
—Todos pagamos impuestos al Estado: un porcentaje de lo que ganamos, el IVA por todo lo que compramos en el comercio, contribuciones por nuestras casas y además, si tú tienes una segunda casa, el impuesto que pagas por ella es bastante mayor que por la primera, por lo tanto es el Estado el que reconstruye, todo a su costo, es lógico ¿verdad?, para eso se pagan los impuestos. —¡¡¿¿Pensé en nuestro Chile, donde cada uno tiene que arreglárselas como pueda (salvo los patudos y aprovechadores de siempre). ¡Pero claro! Nos llevan más de veinte siglos de ventaja.
Desde Nocera Umbra, cuarenta y cinco Km más y arribamos a Gubbio. El Gubbio histórico, encaramado en la falda del monte Ingino, debe ser una de las más hermosas ciudades medioevales de la región, ya que pese a todas las bellas ciudades de Umbria con muestras del Medioevo, es la que contiene más testimonios de ese pasado lejano, basta ver sus palacios, iglesias, plazas, calles, casas, muros defensivos y… caminar por sus callejas angostas y adoquinadas. Gubbio fue importante, llegó a tener en la antigüedad más de 50.000 habitantes; en un tiempo fue dominada por los Montefeltro, por los Malatesta y por los Della Rovere, hasta que en el siglo XVII pasó a ser Estado Pontificio.
Lugar rico en artesanos, desde siglos se fabrica una hermosa cerámica mayólica (tipo de cerámica vidriada, decorada con esmalte de plomo, estaño y óxidos). En la actualidad, se destaca además por inigualables trabajos en hierro forjado.
Nos estacionamos en la Plaza de Los Cuarenta Mártires, vecinos a una estatua de “San Francisco y el Lobo” y otra recordando a los cuarenta mártires: pobladores a quienes los nazis fusilaron en represalia, a fines de la Segunda Guerra Mundial. Frente al monumento, la Loggia dei Tiratoi, construido el siglo XVII como sede de los elaboradores de lana. Bajo el pórtico está el ingreso a la Iglesia de Santa Maria dei Bianchi de 1326.
Al final de la Via della Repubblica, hay una larga y curva escala que nos dejó en la Via XX Settembre —con las piernas acalambradas— a pocos pasos de la Piazza della Signoria, una amplia terraza de piso enladrillado con una impresionante vista hacia la parte baja del pueblo y de las ruinas del Teatro Romano de la llanura. A un costado de la piazza se encuentra el Palazzo dei Consoli (Palacio de los cónsules), donde tuvo su sede el parlamento de Gubbio. Estábamos con suerte ese día, ya que a los pocos momentos llegó un grupo de muchachos con casacas rojas y pantalones grises, ingresaron al Palacio y subieron a la torre campanario. Allí, entre cuatro se acomodaron en un balancín adosado a la campana, y empezaron a columpiarse hasta hacerla sonar, por largo rato… tal vez hasta que se cansaron de tantos y esforzados movimientos. No nos dimos cuenta como poco a poco se había agolpado gente en la plaza: turistas y ciudadanos de Gubbio. El límpido y armonioso sonido de ese “campanón”, no solo deleita ampliamente al turista, sino que además tiene un significado especial para los eugubinos: es algo propio y emocionante, la voz misma de su ciudad, los muchachos citadinos se sienten conmovidos y al oírlas les brillan los ojos de orgullo. El Palacio de los Cónsules es del siglo XIV, lo mismo que su primera campana, pero la actual fue fundida a fines del mil setecientos, pesa una tonelada y se hace sonar solo en sesenta y una oportunidades al año, es un verdadero rito de los campaneros (en Gubbio hay una Compañía de Campaneros).
Palazzo dei Consoli: La fachada gótica del palacio es bastante atractiva, con almenas típicamente medioevales en el techo y en la torre, enriquecida por el portal y la escalinata que empieza en abanico y termina recta a más de tres metros sobre la plaza. La puerta de madera es rectangular con casetones y el vano, abocinado igual que el arco sobre el dintel. La media luna muestra un fresco que representa a “La Madona y el Niño” flanqueados por San Ubaldo (patrono de Gubbio) y San Juan Bautista. El Palacio guarda en su interior varios tesoros artísticos e históricos, siendo tal vez lo más importante las “Tablas Eugubinas”, descubiertas el año 1444: son de bronce y sus escritos en dialecto umbro —algunas con letras etruscas datan de entre los años 200 y 120 A. de C., y otras con letras latinas de entre el 150 y el 70 A de C— contienen plegarias rituales, detalles de la estructura social y del ambiente de entonces describiendo minuciosamente algunas ceremonias. Lo extraordinario de ellas, es que no existe ni en griego ni en latín nada que se les asemeje, tanto en lo ordenado como en lo completo de las descripciones. Además se guardan algunas notables obras de arte: el fresco de “San Francisco y el Lobo de Gubbio”, un “Cristo” del 1300 y el políptico de Guido Palmerucci, pero lo más notable que ahí se ha exhibido es “La Virgen del Granado” de Pier Francesco Florentino, lamentablemente robada el año 1979, bella representación de una Madona muy joven, su hijo y San Juan Bautista con una fina cruz en su mano.
Otras edificaciones importantes son: el Palazzo dei Canonici donde se conserva un enorme tonel del mil cuatrocientos para 20.000 litros de vino, hecho con madera de doce centímetros de espesor; el Palazzo Ducale, de estilo renacentista que fue residencia de los Montefeltro; el Duomo de San Santiago y San Mariano, del siglo XIII, tan maltrecho en su fachada como hermoso en su simplicidad de líneas al interior, con una moderna vidriera en el ábside y numerosas obras de arte de los Nucci, Dono Doni y de la escuela del Pinturicchio; San Francesco della Pace (San Francisco de la Paz), del siglo XVI, construida sobre el lugar donde supuestamente murió el Lobo amansado por San Francisco. Trescientos años después, mientras se hacían algunos trabajos en la vía Savelli (donde está la Iglesia), se encontró bajo una enorme piedra el esqueleto de un lobo, aparentemente de varios siglos atrás, por lo cual los restos del animal se trasladaron a la Iglesia, lo mismo que la piedra que lo cubría; Chiesa di San Pietro (Iglesia de San Pedro), del año mil, típicamente románica; Chiesa di San Agostino (Iglesia de San Agustín), inmediatamente vecina a la Puerta Romana (una de las seis puertas que se conservan en los muros defensivos) y adyacente a un convento agustino, autorizado por el Papa Inocencio IV Fieschi a mediados del siglo XIII; pueden aún contarse otras quince iglesias medioevales o renacentistas en esta interesantísima ciudad, pero la más respetada por los eugubinos es la dedicada al santo patrono de Gubbio, San Ubaldo.
La Chiesa e Convento di Sant´Ubaldo. Esta basílica es la iglesia más querida por los habitantes de la ciudad. Antiguamente, donde está ubicada hoy, existió una iglesia dedicada a San Gervasio, luego de la muerte de San Ubaldo, el año 1160, se construyó un oratorio al lado hasta donde fueron trasladados sus restos. Solo años más tarde se construyó la basílica y cuatro siglos después, el convento. La iglesia misma, con una nave central y cuatro laterales, no muestra riqueza ni arquitectónica ni en obras de arte, solo el gran vitral del ábside y un lujoso altar de mármol hexagonal con dieciocho pequeñas hornacinas con imágenes de santos, sobre él está la delicada urna dorada que contiene los restos de San Ubaldo. En una de las naves laterales se guardan los Cirios de madera, limpios y encerados, hasta la carrera del año siguiente.
El Santo nació alrededor del año 1085. Se considera milagroso, puesto que durante una guerra contra once ciudades vecinas que los atacaron, consiguió con sus oraciones que sus habitantes rechazaran al enemigo.
Los vencidos se dirigieron a Federico Barbarroja, Hohenstaufen, (Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) obteniendo su promesa de una intervención. Pero más tarde, las palabras de Ubaldo conmovieron a tal punto al Emperador, que en vez de aliarse a los agresores, se convirtió en amigo de la ciudad. El Santo falleció en un humilde cuarto a los setenta y cinco años.
La fiesta de Sant´Ubaldo se lleva a cabo todos los años en el mes de Mayo y las principales actividades con que se celebra son: la Corsa dei Ceri (carrera de los Cirios) y el Palio della Balesta (Premio de la Ballesta). Otros espectáculos son: el Torneo dei Quartieri (Torneo de los Barrios) y Los Sbandieratori (Exhibición con Estandartes).
Corsa dei Ceri: Aunque esta fiesta data de tiempos antiguos y se hacía como un agradecimiento a la primavera y a la Diosa de la Agricultura (Ceres) con desfile con cirios encendidos, a partir del siglo XII se convirtió en una Luminaria (procesión) religiosa en homenaje a San Ubaldo, fundiendo lo folklórico con lo religioso. Cuatro siglos después, se le dio la particular forma que tiene hasta hoy, con los tres enormes cirios de cinco metros de alto (conformados por dos prismas octogonales de madera, cada uno con un tronco de pirámide también octogonal en cada extremo, unidos de punta), adosados a una angarilla para ser transportado en el hombro de los “ceraioli” (cereros) componentes de cada gremio. Cada uno de los tres cirios, en posición vertical, es transportado por dieciocho ceraioli, más otra cantidad de seguidores, todos vestidos de pantalón blanco y pañuelos rojos al cuello. Lo único que cambia es el color de la camisa, distintivo de cada gremio, cuyo Santo protector, representado por una estatuilla de un metro de alto que se fija al extremo superior de cada cirio, es vestido con el mismo color: Gremio de San Antonio Abad (asnerizos y campesinos), camisa negra; Gremio de San Jorge (artesanos y comerciantes), camisa azul; y Gremio de San Ubaldo (albañiles y picapiedreros), con camisa amarilla.
El día 15 de Mayo se inicia la celebración en la mañana con la Sfilata dei Ceraioli (Desfile de los Cereros) que termina con los gigantescos cirios (los llaman “máquinas”) en la Plaza de la Signoria. A las seis de la tarde, después de la bendición del obispo, comienza la carrera en medio de tambores y del griterío de una muchedumbre increíble de pobladores y turistas que llegan de todas partes para ver este espectáculo único en el mundo. Esa carrera imposible, fantasmagórica, recorre las tortuosas callejuelas de la ciudad atestadas de gente, pasa por delante de la Puerta Romana y termina en la cumbre del monte Ingino a las puertas de la Iglesia del Santo, en una carrera dramática y vertiginosa por un estrecho y empinado camino. No es en realidad una competencia, ya que el dificultoso camino no lo permitiría y la llegada a la cumbre es siempre en el mismo orden de la salida: primero San Ubaldo, luego San Jorge y finalmente San Antonio; naturalmente que los portadores de cada gremio van siendo reemplazados por otros ceraioli que los esperan, por lo agotador y difícil del trayecto. Luego las “máquinas” se guardan nuevamente en la basílica, donde los portadores tamborean con fuerza sobre ellos. Si los portadores del primero se alejan de sus seguidores lo suficiente para entrar a la iglesia con cierta ventaja, cierran las puertas antes de la llegada de los otros. Para los segundos y tercero, es señal triunfal si llegan prácticamente pegados al que los precede y tocan con las maderas de su “máquina” la parte trasera de la de los antecesores.
Los turistas hacen el trayecto en el funicular que abordan cerca de la Puerta Romana, similar a los que existen en centros de esquí, con carros para dos personas de pié, a los que hay que subirse sin que estos se detengan.
Il Palio della Balesta: Se realiza el último domingo de Mayo en la plaza de la Señoría. Se inició en el siglo XV entre ballesteros de Asís, Città di Castello, Sansepolcro y Gubbio. Actualmente se revive la competencia solo entre los de Gubbio y Sansepolcro (ciudad de la región Toscana), con exhibiciones y cortejos en trajes medioevales.
Torneo dei Quartieri: Es un torneo de ballesteros de Gubbio, reservado solo a los expertos de los barrios de la ciudad (Sant´Andrea, San Giuliano, San Martino y San Pietro), y se realiza la tarde del 14 de Agosto.
Los “Sbandieratori”: Es un juego de estandartes que se ha hecho famoso en todo el mundo y se lleva a efecto durante la primavera, en una fecha ampliamente anunciada. Ahí exhiben su maestría en el lanzamiento de estas banderolas a gran altura, con acrobacias y volteretas de los lanzadores vestidos con ropajes medioevales que le dan tal espectacularidad a la exhibición, que los turistas quedan con esa postal en las retinas, por mucho tiempo.
El año 1981, un grupo de eugubinos decidió hacer en la vertiente del Monte Ingino un Árbol de Navidad, tal vez el más grande del mundo, poco más de trescientos cincuenta metros, con un cometa de cuarenta metros en la punta. Se enciende para Navidad: el cometa con 200 luces, el árbol con más de 450 y un tendido de más de 12 km de cable.
Por todas sus exhibiciones, su tan bien mantenido sitial de ser una de las ciudades medioevales mejor conservadas de Italia, Gubbio es única, hermosa, atrayente. Además, como en toda Umbria, la comida y platos típicos deleitan a quien los prueba. Bruno nos invitó a una trattoria ubicada a pasos de la Chiesa di San Giuseppe dei Falegnami (Iglesia de San José de los Carpinteros), en la via della Repubblica: La Taverna del Lupo (Taberna del Lobo), una refaccionada construcción medioeval con cielo abovedado, columnas y arcos que dan esa forma cupular al interior del recinto: delicado y abundante antipasto, exquisitas pastas, carnes, vino, café, para dejar encantado al más exigente sibarita con la cucina eugubina.
Luego de una última caminata, los cuatro nos dirigimos a la Piazza dei Bargello (Plaza del Alguacil) donde está la sede de los ballesteros y la Fontana dei Pazzi (Fuente de los Locos), de la cual la tradición dice que quien cumple dando tres vueltas alrededor de ella y luego ser mojado con agua de la fuente, puede adquirir “patente de loco”. Más aún, en uno de los locales se puede obtener “diploma de loco” luego de pagar algunos euros. El hecho de adquirir este tan singular título, no le otorga al turista estadía gratis en… ningún hospital psiquiátrico.
_____________
Extracto de:
«De viaje por Italia».
Crónicas de un chileno en Italia.
Contiene 12 crónicas de ciudades de Italia Central.
