Cuentos

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Los zapatitos de charol

Regresó desde la capital a su pueblo natal, modesto, mal vestido, con sus ropas demasiado usadas, algo raídas. Los zapatos, pese a estar bien lustrados, no podían disimular que en el lado interior…

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El susurro del viento

Conocí a José Canseco en Valparaíso, a mediados del año 1963, en la empresa constructora  donde —desde hacía un par de meses— me desempeñaba como topógrafo. Llegó junto…

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Las manos de mi tía

Lucía Catalina, mi tía, tenía unas hermosas manos: blancas, suaves, bien cuidadas, las uñas relativamente largas pero esmeradamente pintadas y sus extremos, absolutamente pulidos…

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Desde una antigua fotografía

Miro con nostalgia una foto que amo profundamente. Fue tomada por mi padre y es el motivo de su ausencia en el grupo familiar formado —en ese tiempo— por él, mi madre y cuatro hijos…

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Las lágrimas y Rita

Cuando se ingresa al pueblo de Romeral, desde lejos se avistan las viejas araucarias y las palmeras  de la antigua vivienda patronal, esa hermosa casona de tejas en forma…

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Los bototos del pairino

Don Justo vivía con su esposa y sus siete hijos en una parcela al poniente de Curicó. El campito -herencia que su mujer había recibido a la muerte de su padre…

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Santo Remedio

A mediados de Agosto del 2008, trabajaba febrilmente para terminar la construcción de un conjunto habitacional en Curicó, en el sector de El Boldo…

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Finezas del primer amor

Cuando la conocí, Ketty era una muchachita de unos catorce años de edad, la menor de cinco hermanos, que con sus padres había llegado a vivir a una casa vecina a la nuestra…

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